miércoles, 21 de julio de 2010

Reus pierde la partida de bautismo de Gaudí por su traslado a TGN

Este documento y otros desde el siglo XVI se concentran en el Arxiu Històric Arxidiocesà para su digitalización


Diari de Tarragona, F.GRAS/J.MORALES | 20/07/2010

Más de 400 años de la historia de los reusenses recopilada en los archivos de las partidas de bautismo, matrimonios y defunciones se han trasladado al Arxiu Històric Arxidiocesà de Tarragona. Estos documentos históricos se encontraban en la Prioral de Sant Pere y abarcaban desde el siglo XVI hasta el 1936 y fueron de los pocos originales religiosos que se salvaron durante la Guerra Civil.

Según ha podido saber el Diari, el amplio número de documentos fueron trasladados la semana pasada y, entre ellos, se encuentran las partidas bautismales del General Prim, Antoni Gaudí o Marià Fortuny. Incluso figura la de La Pastoreta Isabel Besora. Más allá de estos documentos que testifican el nacimiento de los reusenses, los historiadores consultados coinciden en que representan un valor patrimonial e histórico para toda la ciudadanía de incalculable magnitud.

Juan Antonio Carricondo es uno de los que ha mostrado su malestar por esta pérdida. «Era una fuente de información muy consultada y sorprende que sea trasladada. El valor físico de estos documentos es irremplazable», asegura él mismo.

Y es que la intención de la Arxidiòcesis de Tarragona, propietaria de los documentos, es digitalizar todos los archivos para que puedan ser consultados de forma on line. Un proceso que llevan tiempo haciendo en distintos municipios de la demarcación. Además, los motivos esgrimidos se circunscriben en una reunificación de todos ellos aplicando mejores métodos de conservación.

Incomprensión

Éste argumento no sirve de excusa a los historiadores consultados ya que no entienden porque no se ha buscado una fórmula para mantenerlo con el máximo cuidado posible porque «una ciudad debe disponer de estos archivos por formar parte de su patrimonio e historia».

Además, también se preguntan qué ocurrirá durante el tiempo que se tarde en digitalizar los archivos que no podrán ser consultados de forma pública. En este sentido señalan el inconveniente que supondrá tener que desplazarse a Tarragona si se quiere consultar los originales, por eso piden que regresen a la ciudad cuando se hayan digitalizados. El conjunto de tomos estaban situados en el edifico Abadia, cercano al Centre de Lectura y en la calle que lleva el mismo nombre, y sólo ha quedado un 10 por ciento de todo el material. Desde allí comentan que los documentos históricos continuarán siendo de propiedad de la Parròquia de Sant Pere al igual que las copias digitalizadas que se podrán consultar en un futuro.

Las fuentes consultadas por este rotativo también explican que, a pesar de que los documentos ya se encuentran en Tarragona, el Ayuntamiento de Reus todavía no ha firmado el convenio con la propia Arxidiòcesis.

martes, 20 de julio de 2010

La escultura urbana

La escultura en Latinoamérica durante el siglo XIX se caracterizó por el descenso en su calidad artística, debido a la introducción de los cánones neoclásicos.

POR IRMA DE LUJÁN

Este estilo trajo consigo el Kitsch, que juntos acabaron por perderse en su misma magnitud.

El Art Noveau, el Neoclásico y el Kitsch van juntos, como le definiríamos, como lo pasado, pero no tanto, lo “demodé”, pero selecto, tiene algo de barroco y todo de lo cursi.

El Art Noveau y lo Kitsch son sinónimos de lo pedante, lo pedestre y lo vulgar, peligrosamente extravagante como Gaudí, Wilde o Gabriel Rossetti; también es lo banal que puede perder su banalidad con el tiempo, como Coello, Spota o Julio Iglesias; así que es cosa de tiempo, como la momificación, el disparate de hoy, tal vez sea prudencia del futuro.

Durante el siglo XIX, la escultura neoclásica invadió el urbanismo latinoamericano, también los cementerios, con el fin de perpetuar la memoria de los fallecidos. Debemos destacar dos elementos en el estilo Art Noveau y Neoclásico; estos son lo Kitsch y la escasa libertad en la elección de los motivos, por parte de los escultores.

La escultura citadina venía a cubrir varias necesidades de los gobiernos, ayudaba a la “urbanización”, y era símbolo y lo sigue siendo “de adelanto cultural”. Promovía generales, a próceres, generales a caballo o pedestres, soldados coronados por glorias sacadas de un cartel, obras inútiles sobre fachadas de cemento.

Con justa razón, el arquitecto hizo a un lado este tipo de escultura. La obra kitsch que inundó a Latinoamérica fue potente. ¿Qué país no tiene sus columnas corintias, algunas chaparras coronadas por un héroe o un ángel? La ola kitsch fue implacable, así como el Neoclasicismo y el Art Noveau.

Los grandes pensadores del siglo XVII, con el afán de la vuelta a la moral o a la pureza primitiva; El paraíso perdido, de Milton, buscó la “belleza ideal”; ya mistificado, lo utilizó el pintor Luis David (1748-1825), primera reacción importante ante el Barroco. Este pintor, congelado y pétreo, fue el pintor servil de Napoleón y creador indiscutible de la pintura neoclásica.

En Guatemala hay pocos ejemplos de esta pintura. En nombre del Neoclásico se perdió infinidad de magníficas obras barrocas. Como sucede con dictadores, todos quieren crear su propio estilo. En sus inicios, Napoleón adoptó el neoclásico, y después creó el suyo. Lo mismo quiso hacer Ubico, creador de venerables obras kitsch, que se pierden en su propio estilo; admirador de lo exagerado, de lo cursi, de lo kitsch, omnipresente, fetiche colosal, varita mágica de la ignorancia de la arquitectura de su tiempo...

De México a la Patagonia empiezan a surgir columnas y obeliscos, surgieron como hongos; brotaron los obeliscos, abarrocados algunos, pero todos con el sello de lo cursi. La elegancia del obelisco se quedó perdida en el espacio; el obelisco, creación perfecta de la arquitectura egipcia, su belleza radica en su pureza y elegancia.

Los romanos cuajaron Roma con estos; se les perdona porque realizaron obras maravillosas, sobre todo Bernini, años más tarde. Napoleón escogió para París ejemplos perfectos de estos, que lucen airosos en la Plaza de la Concordia, lugar escogido para colocar La guillotina. Tanto y tan importante es lo kitsch que me aterra la sentencia de Carlos Fuentes: “Negar lo kitsch es una manera de empobrecernos. Asimilarlo puede ser un tesoro potencial que debe ser descubierto como un género... pues tener solo historia es vivir fuera de ella”. Para continuar nuestra historia citadina, ya tenemos un obelisco.