jueves, 31 de enero de 2013

Una investigación rompe con los clichés sobre Mossèn Alcover


M.Díaz | Palma | 31/01/2013  ultimahora.es




«Cuando escribía sobre Mossén Alcover veía a Pere Llabrés [canónigo fallecido en 2006], un cura culto, interesado por la arquitectura y el patrimonio y que sabía muchas cosas». Así se expresaba el historiador Pere Fullana, coautor, junto al filólogo y profesor de la UIB Nicolau Dolç Salas, del libro Antoni Maria Alcover y la Seu de Mallorca , que presentan mañana, a las 20.00, en la Catedral, en un acto en el que se anuncia la presencia del obispo Javier Salinas.

«Acabar con los estereotipos y la simplificaciones» sobre la figura de Mossén Alcover es uno de los objetivos del libro. Lo asegura Nicolau Dolç, para quien Alcover, canónigo fabriquer , magistral y vicario capitular de la Seu fue mucho más que un recopilador de rondalles .

«No era un lingüista aficionado, ya que en este campo estaba en contacto con las teorías más avanzadas de la época»; además, «fue evolucionando» y «utilizó la estructura eclesial en favor de una determinada labor atípica», explica Dolç, el estudio «hasta en el pueblo más perdido del Pirineo, traspasando las fronteras del Estado», de la lengua catalana para la elaboración del diccionario que lleva su nombre.

Alcover perteneció al equipo de canónigos que rodearon al bisbe Campins entre finales del siglo XIX y principios del XX y dirigieron la restauración que Antoni Gaudí llevó a cabo en el templo, una reforma que implicaba, no sólo un cambio arquitectónico y decorativo en el interior del mismo, sino, sobre todo, una nueva «concepción de cómo ellos entendían que tenía que ser la liturgia, en la que el espacio es fundamental para el mensaje», comenta Pere Fullana. Eran «hombres de letras y sabios que controlaban las ideas y tenían una relación directa con Gaudí y Rubió».

Además de Alcover, el grupo lo integraban Martín Llobera, Costa i Llobera y Mateu Rotger.

El canónigo Alcover estuvo implicado en muchos frentes, señala el historiador. «Creó el museo de la Catedral, se preocupó por el tema del turismo, por la biblioteca y el archivo, y mantuvo un diálogo con la sociedad civil, fue vicepresidente de la Arqueològica Lul·liana, perteneció a la Academia de Bellas Artes, día a día asistía a actos, inicios de cursos y conferencias».

La arquitectura fue otro de sus intereses, que dejó patente en forma de ermitas e iglesias. «A veces contaba con indicaciones de Gaudí», comenta Dolç, quien destaca que una de sus aportaciones al libro ha sido el análisis de casi 200 sermones inéditos del mossén , de los que en esta publicación se transcriben sólo ocho. Sus prédicas aunaban lo religioso y lo didáctico y Dolç destaca el sermón que pronunció tras la muerte de Campins, en el que combinó la «añoranza y la justificación de toda su política».
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Espero poder contar con un ejemplar de este libro que seguramente nos aporta a los que vivimos en la península mucha información

Para Gaudí lo que ocurría en Palma de Mallorca siempre fue fundamental

Solo basta ver que se adelanto al concilio Vaticano II unos 60 años

El Concilio Vaticano II fue convocado por el papa Juan XXIII, en 1959.Gaudí comienza esta restauración con el Obispo Campins en 1900
Tuve el gusto de conocer personalmente al Padre Pere Llabrés y comparto plenamente el contenido de esta nota
Luis Gueilburt






miércoles, 9 de enero de 2013

El «Gaudí»

Alfonso Ussía , La Razón.es

Todo aquel que a pesar de las dificultades, afirme que España es un país aburrido y sin imaginación, se equivoca de cabo a rabo. Amortizamos las identidades de nuestros genios en fruslerías. En Madrid se conceden los premios «Goya» de cine. Nada tiene que ver con el cine, y menos con el español, el prodigio de Fuendetodos. Y en Barcelona han instituido otro premio de cine con el nombre de Gaudí. Más o menos como si el premio que se le adjudica al mejor futbolista de la Liga Nacional de Fútbol se denomina «Calderón de la Barca». Gaudí fue un genial arquitecto amparado por la familia Güell cuyos conocimientos cinematográficos forman parte de su enigma. Era más un arquitecto para fuera que para dentro. Conozco a una familia de Comillas que alquiló el «Capricho» de Gaudí, decenios atrás, para pasar el verano, y todavía no se han repuesto sus componentes de aquel permanente susto estival. Y el Palacio Arzobispal de Astorga guarda secretos inconfesables de prelados, que a los dos años de vivir en sus aposentos, se movían a gatas y maullando por los pasillos influidos por efímeros episodios de chifladura y demencia. Alfonso XIII tenía programada una visita oficial a Barcelona. El Presidente del Consejo, Eduardo Dato, supo de movimientos anarquistas que preparaban en la Ciudad Condal un atentado contra el Rey. Y así se lo hizo saber: –Señor, hay que suspender el viaje a Barcelona por razones de seguridad relacionadas con grupos anarquistas–. Y el Rey no dio su brazo a torcer. –Voy a Barcelona porque me he comprometido y es mi deber. Además, temo más a Gaudí que a los anarquistas–.
No obstante, nadie pone en duda la genialidad y grandeza de Gaudí. La Sagrada Familia, su mayúscula obra inconclusa, es con toda seguridad el monumento arquitectónico más visitado y admirado de Barcelona. Y la Casa Milá, y el Parque Güell y demás prodigios singulares e inimitables, porque los genios nunca son superados por sus imitadores. Sólo Charlot. En París se organizó un concurso de imitadores de Charlot, y a Charles Chaplin le divirtió la idea. Se apuntó con un nombre falso, actuó y quedó el tercero. Hubo un par de charlots que lo hacían mejor que el propio Charlot. Lo más absurdo, volviendo a Gaudí, de su vida fue su muerte. Falleció atropellado por un tranvía, que es una manera muy extravagante de dejar este mundo.
El Premio Gaudí de Cine homenajea y distingue a la mejor película rodada en catalán. Y la cinta premiada este año ha sido «Blancanieves», de Pablo Berger, protagonizada por Maribel Verdú. Excepto el nombre del premio, que sigue pareciéndome excesivo para galardonar una película, el resto se me antoja plenamente justo y normal, salvo en un detalle. Que la película es muda. Se premia a la mejor película rodada en catalán a una cinta muda, en la que Blancanieves no dice ni mú, y con toda probabilidad tampoco los enanitos y la bruja malvada, que ignoro si aparecen en escena porque no he tenido tiempo de asistir a su proyección. Como apuntarse a un curso de inglés acelerado en una academia de idiomas y descubrir que el profesor es un mudo que se mueve muy aprisa por el aula. Me alivian los contrasentidos. Creo que los miembros del jurado del Premio Gaudí han demostrado un elevadísimo sentido del humor con su decisión final, pero sospecho que poco o nada habrá satisfecho a los defensores a ultranza de la lengua catalana como única en Cataluña. Que la mejor película en catalán sea muda sugiere surrealismo, pero no lógica ni normalidad lingüística.
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  Tendencioso artículo repleto de lugares comunes pero en realidad tiene un punto muy interesante, la pregunta es, ¿ se podría crear algún tema en Cataluña sin utilizar alguna referencia a Gaudí?  , como ejemplo este y otros como el Salón Gaudí moda, Gaudí novias etc hasta el infinito, ahora solo nos faltaban los premios Gaudí de cine,  una verdadera pena que nadie tenga mas imaginación y que no haya nadie que proteja el buen nombre de Antoni Gaudí.
Luis Gueilburt 

jueves, 3 de enero de 2013

Muere la última persona que conoció a Antonio Gaudí

Día 30/12/2012

La monja carmelita Montserrat Rius, que tenía 102 años, cuidó los asuntos domésticos del arquitecto cuando este residía en el Parque Güell

La monja carmelita Montserrat Rius, que cuidó de los asuntos domésticos del genial arquitecto Antoni Gaudí cuando éste residía en su casa del Parque Güell de Barcelona, y último testigo que le conoció, ha fallecido en esta ciudad a la edad de 102 años.
La madre María, sobrina de la carmelita fallecida y también monja, ha explicado a Efe que la hermana Montserrat Rius Camps murió el pasado día 15 de este mes en el convento de la comunidad carmelita de Sant Josep del barrio barcelonés de Horta.
Desde 1924, cuando tenía 14 años, Montserrat Rius y su hermana María, siete años mayor y también monja carmelita, estuvieron al servicio de Gaudí hasta su muerte en 1926, así como de su sobrina, que falleció muy joven a causa de la tuberculosis.
La relación entre el arquitecto de la Sagrada Familia y las carmelitas se estableció gracias a la indicación del mecenas de Gaudí, Eusebi Güell, que confiaba en esta orden religiosa para cuidar a los obreros y sus familiares enfermos de la Colonia Güell.
Las hermanas cuidaron de Antoni Gaudí y de su casa hasta que el arquitecto falleció atropellado por un tranvía el año 1926.
La monja carmelita (1910-2012) era, hasta ahora, el único testigo vivo de Antonio Gaudí, y era depositaria de unas vivencias que se plasmaron en un pequeño libro de unas veinte páginas titulado «Recordant Gaudí» (Editorial Claret), de la escritora Marta Masdeu.