lunes, 28 de abril de 2014

La Pobla busca els diners per restaurar el xalet de Gaudí

Regió 7

L'edifici va ser construït el 1902 per als tècnics de les mines de carbó del Catllaràs i fa anys que està tancat i sense ús

27.04.2014

L'equip de govern de CiU de la Pobla de Lillet s'ha proposat treure de l'ostracisme el xalet del Catllaràs que va ser dissenyat per l'arquitecte Antoni Gaudí. L'immoble, que és propietat del consistori poblatà, està tancat i no té cap ús. Això, sumat a l'acció periòdica dels vàndals, l'ha anat degradant. L'executiu vol capgirar aquesta situació conscient de la importància de tenir un edifici signat per Gaudí, un llegat que cal saber aprofitar.

Per això ha recuperat i actualitzat un projecte redactat el 2010 durant l'anterior govern del PSC amb l'objectiu de restaurar aquest immoble. L'actuació proposada té un pressupost de 543.853,13 euros.

L'executiu ha demanat ajudes del programa europeu Leader i a la Diputació de Barcelona a través del seu programa de subvencions per a edificis singulars, segons ha explicat a Regió7 l'alcalde, Vicenç Linares.

miércoles, 23 de abril de 2014

Gaudí resucita


 
EL MUNDO
INDRETS La mirada ajena

Gaudí resucita

 
Si los japoneses se creían que lo habían visto todo de Gaudí, se equivocaban. Se arremolinan de mañana ante la fachada de la Casa Vicens, Vila de Gràcia, Barcelona (click click click), pero ni un turista ha franqueado sus muros ni lo hará hasta 2016, cuando la casa se convierta en museo. Miento, alguno sí se ha colado, como contaba Otto Herrero al New York Times cuando saltó la noticia sobre la venta: "Suele ser un engorro encontrarse a un turista merodeando por tu jardín, alguno incluso ha logrado colarse hasta la sala de estar, pero llegas a acostumbrarte a tanta curiosidad. Hasta es posible que, si me cogen de buenas, les dé una vuelta por la casa".
Desde que naciera, Herrero vivía en un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero hace apenas una semana que los dueños de Casa Vicens, o sea la familia Jover y Herrero, salieron de sus estancias, divididas en apartamentos, dejando tras sí una estela de polvo de 105 años de Historia.

Apenas una semana y ya nos hemos colado. En realidad, nos ha abierto la cancela el consejero delegado de la nueva propiedad, la banca andorrana MoraBanc. Gilles Serra ha hecho además de perfecto anfitrión, explicándonos la arquitectura flor a flor, tesela a tesela. Entrar en Casa Vicens días después de la mudanza de sus seculares moradores, es algo así como franquear las puertas de un mausoleo.
 Es la segunda obra de Gaudí en orden cronológico (1889) y, como en la primera, la Nau Gaudí de Mataró que proyectó antes incluso de terminar sus estudios de Arquitectura, la madera ocupa un lugar central: madera y hierro en la de Mataró y aquí, madera, azulejo y estuco, sin olvidar los forjados de las verjas. De orden naturalista, nada nuevo, y de influencia otomana que siempre se ha confundido con aires arabescos.
De hecho, me cuenta Gilles Serra, artífice de la compra, enamorado de la arquitectura y conocedor del idioma árabe, la lámpara que cuelga de la sala de fumadores, a influencia oriental la sala, no lleva inscritos caracteres árabes como se pensó, sino simples filigranas arabescas que nada dicen, porque no son letras sino vanas grafías. Es preciosista el salón de entrada bajo un artesonado decorado como pérgola, las flores reptando por sus arquitrabes, un deliro de estancia.

Y la galería contigua, que como la fachada del edificio se adorna de losetas dibujadas de pissenlit, esas flores silvestres que cuando niños nos advertían: si las partes, su jugo hará que mojes las sábanas (pis en cama, traducción literal del francés). Las paredes llevan además estucos florales y frescos de pájaros exóticos, y las maderas encajan cuadros de época. Los suelos son de fragmentos de mosaico o trencadís en calatán, mítico emblema de la arquitectura modernista de aquí. El artesonado de la sala de fumadores emula la mukarna, alvéolos y estalactitas que decoran los techos en la arquitectura árabe y persa.

Apenas 10 años vivieron aquí los señores Vicens i Montaner, propietarios de una fábrica de cerámica, lo que tal vez influyera en el devenir del estilo gaudiano; pero enviuda pronto su mujer y en el 1999 vende la casa residencial a la familia del doctor Antonio Jover, que desde entonces y hasta ahora la ha habitado en generaciones consecutivas. Ampliaron el edificio en terreno colindante y pidieron a Gaudí permiso para prolongar interiores y fachadas, obras de la que él no podía hacerse cargo por exceso de trabajo o quimera, envuelto como estaba en la obra inacabable o la Sagrada Familia.
 Pero concedió licencia y se desdobló el frente principal en una réplica de la mitad original que es como si ahora vas a google y haces un copypega. El encargo recayó en el arquitecto Serra Martínez, que además amplió bellamente los jardines y construyó un templete circular con fuente llamada de Santa Rita, pero lo que se da sí se quita y todo esto desapareció bajo las excavadoras en 1962 para levantar un horrendo bloque de viviendas que hoy encajona la casa.

El MoraBanc se da apenas dos años para la ingente obra de restauración, que entre otras cosas devolverá la escalera a su enclave primigenio, el patio de luces que levantó Gaudí bajo lucernario, y que irá a desembocar en medio y medio de la terraza superior, que es bellísima (foto), obviando las medianeras de las casas colindantes.

Pocas ciudades como Barcelona se identifican de este modo con un único arquitecto. La Estambul de Sinan (XVI) y Brasilia de Niemeyer tal vez sean los dos solos parangones, y me lo cuenta el propio Monsieur Serra, atento amante de la cosa desde su infancia en Caen, región de Calvados, arrasada tras el desembarco de Normandía y entonces en reconstrucción. Gaudí pone en valor BCN y viceversa.
@Indrets

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Interesante nota la de Elena Pita pero querría yo hacer alguna aclaración a este articulo para que esta información periodística pueda ser contrastada en un futuro, 
La segunda obra importante de Gaudí no es la Casa Vicenç sino que es la finca Güell y junto a esta y al Capricho de Comillas se realizo esta casa pero no podemos olvidarnos nunca de la reforma del Parc de la Ciutadella entre otras obras menores 

Otro detalle, la Familia Montaner no han tenido nunca una fabrica de cerámicas ya que el Sr Montaner era agente de Bolsa y Cambio demostrado en la escritura de compra de la finca ante notario. 
Y por ultimo el articulo tiene una contradicción entre la interpretación arabeisante de "alvéolos y estalactitas que decoran los techos en la arquitectura árabe y persa." y la idea de que Gaudí se inspira en el arte Otomano, sin influencias árabes, me gustaría que su autora algún día nos aclarase esta idea

Luis Gueilburt

domingo, 20 de abril de 2014

El lío de las vidrieras de Gaudí


La Generalitat anuncia como inéditas dos obras del arquitecto publicadas en 1928

JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS , EL pais
Barcelona 15 ABR 2014




 Era el reclamo principal de la presentación del Registro e inventario de las vidrieras catalanas; un corpus de este patrimonio de vidrio y plomo elaborado desde 2009 tras la firma de un convenio entre el Instituto de Estudios Catalanes (IEC) y el Departamento de Cultura de la Generalitat.

 Y así se anunciaba en la nota de convocatoria emitida desde la consejería de Ferran Mascarell.Por eso, el inventario de 2.000 vidrieras localizadas en 1.600 lugares diferentes de la provincia de Barcelona y la diócesis de Girona pasaron a un segundo plano cuando Antoni Vila, el investigador principal del proyecto, explicó que entre los trabajos inéditos recuperados se encontraban dos obras de Antoni Gaudí. Pero al final de la tarde los inéditos, un rosetón con tres anagramas con el nombre de Jesús y un Arcángel Miguel, no lo eran tanto

Vila explicó que los propietarios actuales querían preservar su identidad y, por eso, tampoco dio a conocer la localidad donde se encuentran, pese a las insistentes preguntas de los periodistas. Tan solo se limitó a asegurar que las había realizado Gaudí por encargo de un mosén amigo suyo para la capilla familiar.
También que había podido fechar con precisión las dos vidrieras: La primera en 1886, una obra de juventud, y la segunda, en 1894, obra de entrada a su madurez.

Pero en la documentación entregada en la rueda de prensa presidida por el consejero de Cultura Ferran Mascarell, el director general de Patrimonio de la Generalitat, Joan Pluma y el presidente del IEC, Joan domènec Ros, había más datos.

 En uno de los cuadros se explicaba que las dos obras pertenecían a Can Pujadas.Detalle de la cabeza del arcángel realizado por Gaudí

A partir de ahí fue fácil, utilizando internet, conocer todos los datos de las ya famosas vidrieras; la historia completa de la familia Valls de Vallgorguina y en concreto de Lluís Maria Valls, la persona que las encargó al arquitecto de Reus, además de poder ver incluso imágenes de las vidrieras en el lugar donde llevan instaladas más de 120 años.
También localizar que la historia de estas obras se publicó en 2003 en L’Om, una revista local de Riudoms y en el libro Regreso a Gaudí's Place, en 2005. Todos llevan la firma Ana Maria Ferrin.

Esta autora explica en uno de sus textos que las obras son citadas por primera vez en biografía realizada por Josep Francesc Ràfols en 1928 al arquitecto.A primera hora de la tarde Vila explicó que una persona le había proporcionado unas fotografías de las vidrieras que él había guardado en un cajón durante un año. “Las recuperé cuando comenzamos a estudiar las obras de esta zona”, dijo lacónicamente

.Unas horas más tarde, en conversación con este diario, Vila reconoció que conocía el trabajo de Ferrin y que fue ella la que le llevó las fotografías de las vidrieras explicándole que una tradición familiar aseguraba que eran de Gaudí.
Vila explicó que “al acceder a la capilla supe que las obras de él tras reconocer que la cabeza del arcángel estaba trabajada con dos placas de vidrio superpuestas, las dos rebajadas al ácido, una obra precursora de la tricomía que Gaudí utilizó después en obras posteriores como la Catedral de Mallorca.
En el caso del rosetón también vi semejanzas con otras obras de Bellesguard o en el de la Barca de Sant Pere del Palau Episcopal de Mallorca.
Quizá no me he explicado bien. Durante la rueda de prensa, he hablado de inéditas en el sentido de que se han autentificado y fechado con exactitud por primera vez, situándolas en la cronologías de sus otras vidrieras”. Y explicó que Bassegoda, el gran especialista de Gaudí, a petición de la propia Ferrin, había asegurado que las vidrieras “eran de carácter menor y que las había realizado en 1878”, reconociendo implícitamente que también Bassegoda sabía de su existencia.
El trabajo de inventario realizado en los últimos cuatro años por Vila ha contado con una aportación económica de la Generalitat de 288.000 euros. Ahora ha concluido la primera fase y está a la espera de firmarse un acuerdo que permita concluirlo en las provincias de Tarragona, Girona y Lleida. Mascarell anunció que pronto será posible.A última hora de la tarde, fuentes de la Generalitat reconocieron que las vidrieras no eran inéditas y que se había cometido un error. “No era lo que nos habían asegurado”, dijeron.

miércoles, 9 de abril de 2014

Dar trágica austeridad a Gaudí

El Pais
Francesc Fontbona

Subirachs ha sido un enorme artista, por todo lo que aportó a la escultura en los años cincuenta y sesenta, pero también por todo lo que hizo en su etapa de madurez en el conjunto de las artes.

Él inventó un vocabulario plástico riquísimo, personal e intransferible, enraizado en toda una tradición que va desde el mundo minoico y helénico hasta el constructivismo ruso.

Su obra, compleja y abundante, responde a un lenguaje plástico de su invención, coherentemente utilizado, que logró algo insólito: hacer de una expresión contemporánea un arte no sólo descifrable por parte de un público relativamente amplio sino incluso capaz de hallar quien lo “consumiera” con placer, algo consubstancial a la creación artística pero que para muchos parecía incompatible con el vanguardismo.

Fue además, pese a su físico frágil, un artista de gran aliento, que se atrevió con obras de mucha envergadura. La última de las cuales fue la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia, en Barcelona, que venía a ser un paso más después de su unánimemente admirada aportación a la renovación del arte sacro que había significado a fines de los cincuenta el gran Pentecostés expresionista en bronce del santuario de la Virgen del Camino, en León.

Su concepto en la fachada de la Pasión era hallar la solución contemporánea a una parte importante de la obra de Gaudí, que éste sólo había esbozado, disponiendo que fuera de una trágica austeridad.

Subirachs sin duda dio respuesta adecuada al problema, sin embargo, la obra habría de significar un sesgo muy amargo para el escultor, ya que fue prejuzgada y condenada antes de empezada y constituyó el pretexto para organizar en su entorno un auto de Fe delirante que rebasó todos los límites éticos, hace ya de ello casi un cuarto de siglo. Desde entonces en un mundo tan cauto a la hora de valorar a artistas vivos, el vilipendio a la obra de Subirachs a menudo gozó en cambio de una impunidad recurrente.

El artista siempre declaró que había superado aquel trance pero no era cierto: del fortísimo golpe moral recibido ya no se recuperó aunque lo disimuló con elegancia, y quedó definitivamente tocado, en lo personal y en lo público, hasta el punto que fueron eclipsadas todas sus otras virtudes y su inmensa aportación a la historia de nuestra escultura.

Esa gran figura, que se ha ido sin el Premi Nacional catalán, concedido a menudo hasta a artistas principiantes, pasará inapelablemente a la historia del arte —ya está en ella—, pero también su circunstancia será algún día objeto de estudio sociológico profundo, lo que tal vez llegue a aclarar cómo entre sociedades adultas, la mezquindad y el gregarismo pueden trastocar situaciones que no deberían rebasar nunca el estadio del simple y civilizado debate de opiniones.

Francesc Fontbona es especialista en pintura y escultura del siglo XIX y XX.

martes, 8 de abril de 2014

Guastavino, los españoles que pusieron techo a Nueva York

ABC .es

 

Llevan su firma algunos de los edificios más importantes de la ciudad, que les rinde homenaje con una exposición

Guastavino, los españoles que pusieron techo a Nueva York
Fotos: © Michael Freeman. the Museum of the City of New York / Avery Architectural and Fine Arts Library, Columbia University

Con un hijo de nueve años, su ama de llaves, las dos niñas de ésta y 40.000 dólares en el bolsillo. Así desembarcó el arquitecto español Rafael Guastavino (Valencia, 1842) en Nueva York. Era 1881, y la ciudad era un hervidero de fábricas, negocios y cientos de miles inmigrantes como él. Unos años más tarde, su compañía de construcción era la responsable de la espectacular bóveda que cubre el edificio principal de la Isla de Ellis, la puerta de entrada al sueño americano de millones de inmigrantes. Para muchos de ellos, Nueva York sería un infierno de hacinamiento e interminables jornadas de trabajo. Pero a los Guastavino les colocaría en el centro de una de las épocas doradas de la arquitectura de la ciudad, aunque su nombre cayera mucho tiempo en el olvido.

Guastavino, los españoles que pusieron techo a Nueva York
Escalera en espiral de San Juan el Divino
 



Un gran número de los edificios icónicos de la ciudad llevan la firma de Guastavino y su hijo, también llamado Rafael. Para neoyorquinos y visitantes, es casi imposible escapar de su sombra. Si alguien ha comido media docena de ostras en el Oyster Bar de la estación Grand Central, o un chuletón en Wolfsgang, el restaurante que antes era del Vanderbilt Hotel. Si ha paseado por el zoo del Bronx o por Prospect Park. Si ha ido a un concierto en el célebre Carnegie Hall, o visitado la catedral de San Juan el Divino. O si un día se ha quedado dormido en la línea 6 de Metro y ha acabado en una estación mágica y fantasma, City Hall, que ahora sólo se usa para cambiar los trenes de dirección. En todos esos lugares habrá estado bajo las bóvedas, arcos o galerías de los Guastavino, a quienes ahora el Museo de la Ciudad de Nueva York rinde homenaje con la exposición «Palacios para el pueblo: Guastavino y el arte del alicatado».

Tras el sueño americano

Guastavino padre llegó a Nueva York con la ambición de encontrar las grandes oportunidades que no había en España. No era joven (39 años) y apenas hablaba inglés, pero en Barcelona tenía una carrera consolidada, y había firmado obras sensacionales como la fábrica textil Batlló o el Teatro La Massa, en Vilassar de Dalt. Ya conocía EE.UU., donde participó con gran éxito en la Exposición del Centenario de Filadelfia, en 1876, explicando las bondades de la bóveda tabicada española, un sistema de construcción muy popular en el que se utilizan capas de ladrillos finos para construir estructuras muy ligeras, pero de gran resistencia.

Guastavino, los españoles que pusieron techo a Nueva York
Zoo en el Bronx


Quizá también se mezclaron asuntos personales -tras varias infidelidades, su mujer se marchó a Argentina con sus otros dos hijos-, pero Guastavino pudo intuir que Nueva York era el caldo de cultivo perfecto para un arquitecto como él. La fiebre constructora de la ciudad -que aún no ha parado- sólo comenzaba; entonces, la construcción más alta, cuando los Guastavino bajaron del barco, eran los arcos del puente de Brooklyn, todavía en construcción. Y, con el recuerdo muy fresco del gran incendio de Chicago de 1871, la resistencia al fuego de las bóvedas tabicadas sería su gran herramienta de marketing. También contribuyó el triunfo del estilo «Beaux-Arts» en el que el ladrillo y la baldosa alicatada encajaban a la perfección.

La intención de Guastavino padre era establecerse como arquitecto. Firmó algunos proyectos que pasaron sin pena ni gloria, hasta que logró su entrada triunfal de la mano del estudio de arquitectura más importante de la época, McKim, Mead & White. Guastavino ofreció construir la bóveda de la Biblioteca Pública de Boston con su técnica y sin coste para McKim. La obra le sirvió para publicitar sus habilidades y le empezaron a llover los encargos, sobre todo de estudios de arquitectos, para que ejecutaran sus bóvedas y techos. Guastavino mudó de arquitecto a constructor y, junto con su hijo, que desde la adolescencia colaboró en la empresa, desarrollaron la Guastavino Fireproof Construction Company.

Llegaron a tener doce oficinas en todo el país, fundaron su propia fábrica de ladrillos y baldosas para poder atender la demanda y registraron patentes sobre métodos de construcción y materiales. La muerte de Guastavino padre en 1908 no frenó a la compañía. Con Rafael Guastavino Jr. al frente llegarían algunos de los proyectos más espectaculares y una actividad frenética: en 2010 la compañía trabajaba en un centenar de obras a lo largo de la costa Oeste.

Los Guastavino se convirtieron en los constructores favoritos de los mejores arquitectos de la época. No sólo McKim, también Gilbert o Morris Hunt, contaron con ellos. «Guastavino here» (Aquí Gustavino), sin más indicaciones, se puede leer en los planos de los arquitectos, lo que demuestra la confianza en su ejecución. 

Guastavino, los españoles que pusieron techo a Nueva York
Escalera de la Univ. de Columbia




Se sabe que los Guastavino participaron en cerca de mil obras en EE.UU., 250 en Nueva York, entre ellas joyas como la estación de Metro de City Hall, bautizada como «la catedral subterránea», o la inmensa cúpula de San Juan el Divino, cuya construcción reunía a curiosos venidos de toda la ciudad: los albañiles trabajaban sobre los ladrillos colocados el día anterior. Ejecutaron infinidad de edificios públicos, pabellones universitarios, iglesias, sinagogas o residencias para los Rockefeller, Astor o Vanderbilt. Algunas de sus mejores obras, como la añorada Pennsilvania Station y un par de galerías del Metropolitan, fueron destruidas. Muchas más están por descubrir. En Nueva York, cualquier visitante puede cazar un Guastavino desconocido. Sólo hay que mirar al techo.

Rescate del olvido

lunes, 7 de abril de 2014

MoraBanc compra la Casa Vicens de Gaudí para abrirla al público

BARCELONA, 7 Abr. (EUROPA PRESS) -
 BANCO ANDORRANO
MoraBanc ha comprado a la familia Herrero-Jover la Casa Vicens de Barcelona, obra del arquitecto Antoni Gaudí, con la intención de restaurarla y convertirla en una casa-museo abierta al público en 2016.

Así lo ha informado este lunes la entidad financiera andorrana en un comunicado.

El banco, que ha adquirido el edificio barcelonés mediante su sociedad de inversión de capital variable (Sicav) Amura Capital, prevé iniciar las obras en un plazo de entre seis y ocho meses, y se prevé que el proyecto completo de remodelación se habrá terminado en unos dos años.

La Casa Vicens, que había sido propiedad de la familia Herrero desde 1899 y había tenido un uso privado, fue declarada monumento histórico-artístico en 1969 por el Estado español y patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2005.

Tal y como prevé la normativa relativa a la remodelación de edificios que representan un activo histórico y artístico, MoraBanc está trabajando en colaboración con las administraciones públicas, aunque el conjunto de intervenciones no recibirá ninguna ayuda pública.

El banco ha señalado que está en proceso de evaluar las propuestas de varios operadores de este tipo de equipamientos culturales para identificar al futuro operador del museo, así como contratar a un jefe de museografía que valide que el contenido cultural y artístico sea "de la más alta calidad y siga fielmente la obra original del arquitecto".

Amura Capital ha considerado que la Casa Vicens es un activo singular y estratégico que "encaja con la filosofía y los objetivos de exclusividad y de retorno que la entidad ofrece a sus clientes de banca privada".
 

jueves, 3 de abril de 2014

Monasterios y obras de Gaudí en un recorrido de 3,5 km del Tren del Cemento del Grupo FGC


 OUTDOOR ACTUAL
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VIAJES - TREKKING  03-04-2014

EL AÑO PASADO LO VISITARON 20.000 PERSONAS





 
El Tren del Cemento, que esta año conmemora el centenario del primer servicio público con viajeros, es una línea histórica que unía la antigua fábrica de cemento Asland de Castellar de n'Hug con Guardiola de Berguedà, desde donde salía la línea del ferrocarril de vía estrecha hacia Berga y Manresa.

El Tren del Cemento tiene un recorrido de 3,5 km y un trayecto que dura aproximadamente 20 minutos, realizado por una locomotora diesel con cuatro coches que tienen una capacidad total de 100 personas.
Este servicio turístico comenzará a rodar con la llegada de la primavera y hasta el otoño, pero sólo estará abierto al público los fines de semana excepto en temporada alta de Semana Santa y del 14 de julio al 7 de septiembre que abrirá cada día.

Los días laborables del resto de temporada el tren está a disposición de grupos y escuelas bajo petición. Los grupos disponen de tarifas de descuento y hay dos posibilidades: hacer todo el recorrido tanto de ida como de vuelta en tren o combinando el Tren del Cemento con un autocar (horarios aquí).
Las estaciones del Tren del Cemento

El Tren del Cemento sólo hace 4 paradas en los 3,5 km de recorrido. La primera es en la antigua estación de la Pobla de Lillet . Aquí comienza el recorrido y se puede visitar la exposición "Ferrocarriles secundarios, industriales y turísticos en el valle del Llobregat".

En esta muestra se encuentran los elementos más representativos de la época de los ferrocarriles y de los trenes mineros e industriales del valle.
En la Pobla Centro hay diferentes atractivos para visitar como el Puente Viejo, el más antiguo que cruza el río Llobregat, el núcleo antiguo, la iglesia de Santa Maria de Lillet, el monasterio románico de Santa Maria de Lillet construido en el siglo IX, el castillo de Lillet, la rotonda de San Miquel y la Sierra de Catllaràs donde se encuentra el Santuario de Falgars.

La tercera parada del Tren del Cemento es los Jardines de Ca l'Artigas, diseñados por Antoni Gaudí a principios del siglo XX y que son de tipo naturalista con piedras, agua y vegetación. El arquitecto los creó como muestra de agradecimiento por la hospitalidad de la familia Artigas mientras construía el Xalet de Catllaràs en la Pobla. La glorieta, el puente de los arcos, la cascada, la gruta, las figuras del bestiario y el rumor del agua acompañan el paseo en medio de la naturaleza decorada.

La última parada del tren es el Museo de Cemento que antiguamente era una fábrica de cemento Asland situada en el paraje del Clot del Moro, en el municipio de Castellar de n'Hug. El edificio es modernista, con bóvedas catalanas y estructuras de hierro forjado. En esta parada, se encuentra el establecimiento "La Cantina" que ofrece servicios de restauración.

El año pasado el Tren del Cemento registró 19.869 visitantes un 15.69% de incremento de visitantes respecto la temporada anterior.